Entradas

Harto

  Por: Diana Taylor  No pensé que me arrepentiría tanto, tanto. Cuánto lo siento. Lo siento muchísimo, de verdad. Yo le decía una y otra vez que era complicado, que debía pensarlo mejor. Pero no, ella no podía dejarlo para después, para otro día, para otro momento en el que estuviéramos más tranquilos, más enamorados. Tenía que insistir a cada hora, a cada instante. Yo estaba atormentado. Cada vez que la veía sentía fastidio, hasta diría que repulsión. No me podía contener más y se lo hice saber. Claro que se lo dije. En la mañana le grité, " Basta, me tienes cabreado ." Sí, me harté, me cansé de todo, no podía seguir. Ahora lo lamento. Lo lamentaré toda la vida, pero no pude más. Me sentí acorralado. Ya no sabía qué hacer o decir para que se callara. Quería que las cosas cambiaran, que fuera como antes. Tomé su suave y pálido rostro entre mis manos para buscarme. Quería saber si aún yo estaba allí, en sus grandes ojos azules, pero no. Yo no estaba. Aún así acerqué sus labios...

Juego de tronos

 Por:  Yovalys Y. Barrios B. Luzmila con su panza de treinta y ocho se manas y Marino con la piel erizada, se encuentran frente a la única puerta de baño del lugar. ¿Quién tendrá mayor urgencia?   A pesar de su desventura, él fue un caballero y e lla entra al baño para realizar uno de los actos más placenteros de la naturaleza humana.   Marino se estaba poniendo pálido, rígido, le faltaba el aliento, sus fuerzas se estaban agotando. La temperatura corporal le había bajado tanto que sentía la necesidad de abrigarse y por su frente se amontonaban pequeños cristales de agua salada. Había dejado hasta de parpadear. Cualquier movimiento en falso podría desencadenar una lluvia ácida. Ella se toma su tiempo, abre la puerta. Relajada. Radiante. Plena. Es el rostro de alguien que ha disfrutado los pequeños placeres de la vida. Marino inicia su peregrinaje con mucho, pero mucho cuidado, guardando sus últimas reservas de resistencia para apretar los músculos. Ya había des...