Juego de tronos
Por: Yovalys Y. Barrios B.
Luzmila con su panza de treinta y ocho semanas y Marino con la piel erizada, se encuentran frente a la única puerta de baño del lugar. ¿Quién tendrá mayor urgencia?
A pesar de su desventura, él fue un caballero y e lla entra al baño para realizar uno de los actos más placenteros de la naturaleza humana.
Marino
se estaba poniendo pálido, rígido, le faltaba el aliento, sus fuerzas se
estaban agotando. La temperatura corporal le había bajado tanto que sentía la
necesidad de abrigarse y por su frente se amontonaban pequeños cristales de
agua salada. Había dejado hasta de parpadear. Cualquier movimiento en falso
podría desencadenar una lluvia ácida.
Ella
se toma su tiempo, abre la puerta. Relajada. Radiante. Plena. Es el rostro de alguien
que ha disfrutado los pequeños placeres de la vida.
Marino inicia su peregrinaje con mucho, pero mucho cuidado, guardando sus últimas reservas de resistencia para apretar los músculos. Ya había desabotonado y bajado su bragueta. Solo debía sentarse en el trono. Suspiró.
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