Harto

 

Por: Diana Taylor 

No pensé que me arrepentiría tanto, tanto. Cuánto lo siento. Lo siento muchísimo, de verdad. Yo le decía una y otra vez que era complicado, que debía pensarlo mejor. Pero no, ella no podía dejarlo para después, para otro día, para otro momento en el que estuviéramos más tranquilos, más enamorados. Tenía que insistir a cada hora, a cada instante. Yo estaba atormentado. Cada vez que la veía sentía fastidio, hasta diría que repulsión. No me podía contener más y se lo hice saber. Claro que se lo dije. En la mañana le grité, "Basta, me tienes cabreado." Sí, me harté, me cansé de todo, no podía seguir. Ahora lo lamento. Lo lamentaré toda la vida, pero no pude más. Me sentí acorralado. Ya no sabía qué hacer o decir para que se callara. Quería que las cosas cambiaran, que fuera como antes. Tomé su suave y pálido rostro entre mis manos para buscarme. Quería saber si aún yo estaba allí, en sus grandes ojos azules, pero no. Yo no estaba. Aún así acerqué sus labios a los míos y la besé intensamente. Un beso de arrepentimiento o de perdón. Y al separar su boca de la mía, la miré y me dije, "Bien, qué más da…" y arrojé su cabeza al río.

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